15 juegos sexuales para romper la rutina en pareja (y volver a desearse como al principio)
¿Sentís que con tu pareja están cayendo en la rutina? ¿Que el sexo se volvió "el de siempre", a la misma hora, en la misma posición, con las mismas palabras? Tranqui, no es el fin del mundo, pero sí es la señal de que hay que ocuparse.
La rutina en pareja es inevitable, y hasta cierto punto está buenísima: es comodidad, es confianza, es saber que el otro está. El problema arranca cuando esa rutina se vuelve aburrida, desgastante y nadie hace nada por moverla. Porque el sexo, en una relación, importa tanto como la comunicación o la confianza. Y como todo lo importante, se cuida.
Así que abajo te dejo 15 ideas para reavivar la llama, mezcladas entre las más simples (que podés hacer hoy mismo con lo que tenés en casa) y las que requieren un poquito más de juego. Elegí una, dos, las que te tienten, y arrancá.
1. Los dados del deseo
Un clásico para empezar. La idea es tener dos dados: uno con partes del cuerpo (cuello, lóbulo, espalda baja, entrepierna, pechos…) y otro con acciones (besar, morder, soplar, lamer, acariciar). Tiran los dos a la vez y lo que salga, se hace. Cuello + morder. Espalda + soplar. Simple, pero efectivo.
Lo podés armar vos misma con dados que tengas dando vueltas, o si querés ir directo al grano y que ya vengan pensados para esto, hay versiones lindas y resistentes en la tienda. Es de esos juegos que después quedan en el cajón de la mesita de luz y siempre vuelven.
2. Posiciones nuevas
Suena obvio, lo sé. Pero la mayoría de las parejas tienen tres o cuatro posiciones favoritas y ahí se quedan años. Probar una nueva no es solo cambiar de postura: es descubrir ángulos, sensaciones y zonas que con las de siempre quedaban afuera del mapa.
Si no saben por dónde empezar, hay barajas de Kamasutra que te van mostrando una por carta, sin tener que googlear con una mano mientras intentás no perder el clima. Mucho más divertido sacar una al azar y probarla en el momento.
3. Juego de roles
Acá se trata de meterse en un personaje. Profesor y alumna, médica y paciente, jefe y secretaria, dos desconocidos que se acaban de conocer en un bar… lo que les caliente la imaginación. Lo más rico del juego de roles es que te corre del "yo" y te deja decir y hacer cosas que en el día a día tal vez no te animarías.
Sumá un detalle de vestuario (un conjunto de lencería distinto al habitual, una camisa, lo que sea) y un objeto que ancle el personaje. La diferencia entre un juego de roles tibio y uno memorable suele estar en esos detalles chiquitos. Nada está prohibido mientras haya consenso y los dos estén disfrutando.
4. Juguetes y lubricantes
Es el clásico "no sé por dónde empezar" de muchas parejas, y la respuesta es: empezá tranqui. No hace falta arrancar con lo más intenso del catálogo. Charlalo con tu pareja: ¿qué le da curiosidad? ¿Qué fantasearon alguna vez y nunca se animaron a decir en voz alta?
Un buen primer paso son los lubricantes con efecto frío o calor, los aceites para masajes, o los lubes con sabor para sexo oral, que cambian la experiencia sin que nadie tenga que "animarse" a nada raro. Si quieren ir un paso más, un anillo vibrador para parejas o un estimulador para usar durante la penetración suma mucho sin reemplazar nada. Lo importante es entender que los juguetes no son competencia, son aliados.
5. Juego de temperaturas
Los cinco sentidos juegan, y este punto es pura piel. Invitá a tu pareja a la cama, que cierre los ojos, y pasale por el cuerpo un cubito de hielo intercalado con besos y caricias. Espalda, abdomen, cuello, muslos. La sorpresa del frío contra el calor de la boca es de esas cosas que se sienten en todo el cuerpo, no solo donde toca.
La versión "calor" se hace con velas para masajes: se derriten a una temperatura segura y el aceite tibio que queda lo usás directo sobre la piel. Es una de las experiencias más sensuales que existen y muchas parejas no la probaron nunca.
6. Por turnos
Funciona en la misma habitación o por videollamada (ideal si tu pareja viaja o están en distintos lugares). La consigna es simple: uno se estimula a sí mismo mientras el otro mira. Sin tocar. Solo mirar.
Suena básico pero es de lo más intenso que hay, porque te obliga a salir del modo "hacer" y entrar en el modo "desear". Y desear, mirar a la persona que querés mientras se da placer a sí misma, es algo que muchas parejas nunca se permitieron del todo.
7. Sexting durante el día
Vivan juntos o no, el deseo no se enciende a las 11 de la noche cuando se meten en la cama. Se construye durante el día. Un audio a la tarde, una foto a media mañana, un mensaje sucio entre reunión y reunión.
Cuando llegan al encuentro, ya vienen calientes desde hace horas. Esa es la diferencia entre el sexo "porque toca" y el sexo deseado.
8. Masaje erótico
Olvidate del masaje "para destensar la espalda". Este es otro tipo de masaje: lento, deliberado, que recorre la espalda pero también pasa cerca (sin tocar todavía) de las zonas erógenas. La idea es generar tensión, no descargarla.
Una pluma, un pañuelo de seda, un aceite tibio para masajes, y tiempo. Mucho tiempo. Cuanto más se demora el masaje en llegar adonde tu pareja quiere que llegue, más fuerte va a ser cuando finalmente llegue.
9. Desconocidos
Variante del juego de roles, pero más cinematográfica. Quedan en un bar como si no se conocieran. Llegan por separado, se "ven" desde la barra, uno se acerca, ofrece un trago, inventan vidas paralelas: nombres distintos, trabajos distintos, historias distintas.
El truco está en sostener el personaje hasta el final. Hasta entrar al departamento "de él" o "de ella". Llevar puesto un conjunto de lencería que tu pareja no te haya visto nunca le suma una capa más al juego.
10. Sin ver
Clásico infalible. Un antifaz (o una remera, una corbata, lo que tengas a mano) y tu pareja queda a ciegas. Vos recorrés todo su cuerpo con cosas distintas: una pluma, un cubito de hielo, una tela suave, las yemas de los dedos, un juguete vibrador. La regla: rozar, no estimular directo todavía.
Cuando uno de los sentidos se apaga, los otros se amplifican. La piel se vuelve hipersensible. Sumá luz tenue y una playlist suave, y ya está.
11. Cambiar de escenario
Pensá en serio: ¿hace cuánto que tienen sexo siempre en la misma cama? La cocina, el sillón, el piso, la ducha, el balcón si están solos en casa, el auto, un hotel por una noche aunque vivan juntos. Cambiar de lugar reseteá el cerebro: aunque sean los mismos dos cuerpos, todo se siente distinto.
Hagan una lista entre los dos de lugares donde nunca lo hicieron y de a poco vayan tachando.
12. Juegos de dominación
¿Te excita la idea de dominar o de ser dominada? Es uno de los terrenos más jugados en la fantasía y menos explorados en la práctica, justamente porque cuesta dar el primer paso. Empezá suave: atar las muñecas con un pañuelo o una corbata, tener sexo así, ver qué se siente perder o tener el control.
Si la cosa engancha, hay esposas suaves, vendas, accesorios pensados para esto que te bancan muchísimo más juego que un pañuelo. Regla de oro: siempre acordada antes, siempre con palabra de seguridad.
13. Sin penetración
Solo besos, caricias y abrazos. Prohibido penetrar. Suena a poco y es exactamente lo contrario: es una de las experiencias más intensas que pueden tener, porque los obliga a estirar el deseo en lugar de "resolverlo".
Es la opción ideal para parejas que disfrutan los previos pero siempre los acortan porque están apurados por llegar al final. Acá no hay final. Hay solo previa, hasta donde aguanten.
14. Juegos de cartas y de mesa hot
Para los días en que el deseo está pero no aparecen las ideas, los juegos de cartas son el atajo perfecto. En la tienda tenemos varios pensados para este tipo de noches: el Hot Jenga (con prendas escritas en cada bloque, todo se pone más interesante a medida que la torre se tambalea), las Cartas Romántico/Picante con retos y preguntas que van subiendo de nivel, y la Ruleta del Placer para los que prefieren dejarle todo al azar.
Ideal también para arrancar una noche que no sabés bien hacia dónde va a ir.
15. Huevito vibrador con control a distancia
El juguete que cambia el juego para parejas. Es un huevito vibrador que se inserta y se maneja con un control remoto que tiene tu pareja. Te lo ponés debajo de la ropa, salen a comer, al cine, a hacer las compras al súper, y tu pareja decide cuándo y con qué intensidad encenderlo.
La gracia no está en el orgasmo (aunque puede llegar). La gracia está en las dos horas previas de tensión: caminar por la calle sabiendo que en cualquier momento. Cuando llegan a casa, no hace falta encender nada más.
Antes de cerrar: el sexo es una alcancía
Hay una idea que repito siempre y que me parece la más importante de todo este post: el sexo en pareja funciona como una alcancía. A lo largo del día vas metiendo moneditas: un beso al pasar, una caricia, un mensaje, una mirada, una atención. Cuando llega el momento del encuentro, esa alcancía está llena y la pasión está a flor de piel.
Si durante el día no hubo nada, no se puede pretender que a la noche, de cero, se prenda el deseo como por arte de magia. El deseo se construye, no es espontáneo. Y construirlo es responsabilidad de los dos.
Probá una de estas 15 ideas esta semana. La que más te tiente. La que te dé un poquito de vergüenza incluso. Esas son las que mejor funcionan.
Y si querés sumar a tu cajón los juguetes, lubricantes, juegos o accesorios que mencioné acá, pasá por la tienda — están todos elegidos pensando en parejas reales, no en parejas de catálogo.
¿Probaste alguna? Contame cuál te funcionó. Y si tenés tu propia idea para sumar a la lista, mejor todavía.

